El ser humano tiene por naturaleza la necesidad de complicarse la vida hasta límites insospechados. Es un hecho irrefutable.
Es comprensible puesto que en parte es lo que nos hace evolucionar, la búsqueda del porqué de las cosas nos hace descubrir muchas cosas y ello normalmente nos facilita la vida.
Pero como todo tiene una connotación negativa. Este afán por saber, por descubrir nos hace meternos donde nadie nos llama. Opinamos sobre las decisiones de otros, decimos como tienen que actuar, que deben hacer, que es bueno o malo para ellos. Nos creemos con la autoridad de opinar sobre aspectos de sus vidas.
En todas las
comunidades está la típica vecina cotilla que todo lo sabe, y que despierta los
más bajos instintos de sus vecinos que en más de una ocasión han pensado en
darla un buen merecido para que se preocupe de sus asuntos. Yo entiendo que hay
personas que tienen una vida tan aburrida que obtienen satisfacción de joder al
prójimo pero ¿no sería mejor no hacer a los demás lo que no te gusta que te
hagan a ti? ¿No creéis que viviríamos en un mundo mejor?
Este fin de
semana vi en un programa de televisión un debate sobre si se debía informar a
los padres si una menor abortaba o no. En ese debate se encontraban 6 personas adultas
por encima de los 30 años opinando tanto a favor como en contra, todos daban
apariencia de saber que era lo que se debía hacer y la verdad es que eché de
menos la opinión de gente más joven pero es lo que había y sinceramente no me
posicioné ni con unos ni con otros, pero os dejo aquí mi reflexión:
Si una menor
se ha quedado embarazada de una forma no deseada y quiere interrumpir el
embarazo está en su pleno derecho porque es la responsable de la criatura. ¿Se
debe poner en conocimiento de los padres? Depende de cada hija y de cada padre
y madre pero sí creo que deben saberlo, pero no por que lo diga una ley sino
porque es algo que afecta a su hija. Pero en este punto quiero plantear una cuestión:





